Chilpancingo, Guerrero – Beatriz Mojica Morga no es solo una política que cambió de camiseta. Es el ejemplo perfecto de cómo en Guerrero se puede pasar de acusar a Andrés Manuel López Obrador de “misógino” y jurar que “nunca me voy a pasar con AMLO”, a convertirse en senadora de Morena y aspirante a la gubernatura del mismo movimiento que antes despreciaba.
Nacida en 1973 en Azoyú, Mojica militó 30 años en el PRD. Fue Secretaria General del partido y candidata a gobernadora en 2015 por la coalición PRD-PT. Pero su paso más oscuro fue como Secretaria de Desarrollo Social en el gobierno de Ángel Aguirre Rivero, el mismo mandatario manchado por Ayotzinapa y por uno de los mayores escándalos de corrupción del sexenio.
Durante su gestión en Sedesol, se documentó el desvío de más de 287 millones de pesos de recursos federales y estatales. El hermano y el sobrino de Aguirre (Carlos Mateo Aguirre y Luis Ángel Aguirre Pérez) fueron detenidos por ese desfalco. Mojica fue señalada directamente: se le acusó de haber callado el delito, de beneficiarse o al menos de recibir recursos para impulsar su propia carrera política. Ella respondió con evasivas: “Yo no manejé dinero, Aguirre me entregó la secretaría bolseada”. Las denuncias circularon en medios y redes, pero, como suele pasar en Guerrero, nunca llegaron a una sentencia firme. Quedó la sombra. Y la impunidad.
Peor aún: mientras ocupaba ese cargo, sus hermanos ya operaban en la política y en la administración pública. Su hermano Salvador Mojica Morga (también conocido como Salvador Guadalupe Mojica Morga) fue nombrado Subsecretario de Desarrollo Rural del gobierno estatal y dirigente de la Coalición Nacional Campesina y Urbana. En 2018 saludó públicamente al gobernador Héctor Astudillo y en 2020 renunció al PRD junto con otros exdirigentes para sumarse al PT y apoyar las aspiraciones de su hermana Beatriz a la gubernatura. Los reportes coinciden: sus hermanos son sus principales operadores políticos. No es casualidad. Es el clásico esquema de familia metida en el presupuesto y en el poder.
Su hermana Teresa Mojica Morga también aparece en el círculo cercano, aunque más en el ámbito cultural y afromexicano. Pero el núcleo duro es Salvador y el resto de los hermanos que mueven estructura, campañas y lealtades a su favor.
Hoy, la misma Beatriz Mojica que se benefició de ese sistema y que colocó (o permitió colocar) a su familia en cargos, posa de santa anti-nepotismo dentro de Morena. Levanta la mano para que se aplique una “regla estricta” contra la herencia de puestos públicos y celebra que el partido frene las dinastías. Hipocresía pura. Mientras sus hermanos siguen siendo sus “principales operadores” y ella misma aspira a la gubernatura 2027, exige a los demás lo que nunca cumplió.
En 2016, siendo dirigente perredista, insultó directamente a López Obrador: lo acusó de no soportar que “una mujer opine” y repitió hasta el cansancio que nunca se pasaría a su movimiento. Hoy es senadora de Morena por Guerrero, presidenta de la Comisión de Cultura y una de las figuras que más se pavonea en el partido que antes denostaba.
Resumen claro y sin maquillaje: Beatriz Mojica Morga acumula acusaciones de desvío de recursos públicos durante el gobierno de Aguirre, nepotismo descarado con sus hermanos en cargos y operaciones políticas, y un cambio de partido oportunista que huele a traición y conveniencia. No hay sentencia judicial que la haya condenado… todavía. Pero en Guerrero la memoria es larga y las evidencias siguen ahí.
Mientras ella habla de “freno al nepotismo” y de “pueblo afromexicano”, sus críticos solo recuerdan una cosa: la misma mano que hoy firma iniciativas en el Senado, ayer firmaba cheques y colocaba a la familia en la nómina pública.
El pueblo de Guerrero merece saber la verdad completa. No la versión editada que Beatriz Mojica quiere vender ahora que busca la gubernatura.
Por Alfredo Barrera Rios.






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